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Cerámica
griega
Según
la leyenda, la primera copa de arcilla fue modelada sobre el seno de Helena,
símbolo de la perfección del arte de la alfarería.
La producción de cerámica en Grecia es muy importante, ya
que constituyen casi los únicos recipientes conocidos en la antigüedad:
ánforas y pitoi para transportar y conservar el aceite, vino y
granos; hidras de tres asas para ir a buscar agua a la fuente; oinochoe
(jara para servir), cráteras de ancha boca donde se mezcla el vino
y el agua, vasos para beber, como la copa, el cotile (especie de cuenco,
y el cántaro, recipiente con pie y dos grandes asas. También
existen los vasos para perfumes preciosos: el aryballos y el alobastrón,
así como el lecite, que sirve para las libaciones funerarias, pintados
con colores delicados sobre una capa blanca muy frágil.
Los depósitos de excelente arcilla roja y amarilla de las proximidades
de Corinto y Atenas, los dos centros más importantes, aseguraban
un fácil abastecimiento de primera materia con que era fácil
obtener las vigorosas formas típicas de la cerámica griega,
amoldadas al uso a que estaban destinadas. Los objetos más complejos
se moldeaban en dos partes que se unían al tomar consistencia pastosa.
Luego volvían al torno, donde se les daba la forma final.
La clave de la calidad artística obtenida residía en el
proceso de cocción, que era seguido con detenimiento tanto por
los pintores como por los ceramistas.
Centenares de talleres funcionaban por doquier en Atenas, en Cicilia,
en Etruria, en la Cirenaica, en las islas, en el Ponto y hasta en Crimea.
Los más célebres pintores de vasos, Eufronio, Birgos, Duris,
trabajaban con sus obreros, repitiéndose a menudo, copiándose
unos a otros, rivalizando en actividad para atraer la clientela, y fundando
una industria muy poderosa. La esfera es matriz y tumba de todas las formas.
Todo sale de ella y todo va a parar a ella.

Hydra del Pintor Cleofrades: Llioupersis
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