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La
cultura del vaso campaniforme
La cultura
del vaso campaniforme, apareció en el Neolítico hace unos
4.500 años y existió durante un milenio y medio. Su esplendor
coincide con la Edad de Bronce y su larga decadencia se inicia con la
irrupción del hierro.
La cerámica es hoy uno de los principales métodos para el
estudio de los arqueólogos. Por la cerámica se pueden aportar
tres facetas de suma importancia en la vida de un pueblo:
1. El nivel tecnológico que poseen.
2. Los usos y costumbres de su vida cotidiana.
3. Las características de su mundo estético.
Existen varias teorías sobre el inicio de la cultura campaniforme.
Unos imaginan su nacimiento en Centro Europa, otros en Egipto y otros
en la Península Ibérica. Lo más verosimil es que
se originase en España, en la ribera del Guadalquivir (en las cuevas
neolíticas de la provincia de Sevilla).
El foco del progreso humano estaba en Oriente. De allí provienen
la agricultura, la cestería, la ganadería, el tejido y la
cerámica.
Mientras en nuestro continente se estaba asimilando el Neolítico,
en Mesopotamia se creaban las ciudades estado, se iniciaba la metalurgia
y se inventaba la escritura.
Las diferencias culturales con Europa eran grandes; sin embargo, durante
el tercer milenio antes de Cristo el contagio cultural fue rápido,
principalmente por tres causas: las mejoras en las comunicaciones, la
creciente actividad comercial y la búsqueda de metales.
La abundancia de cobre, estaño y oro en nuestro suelo, atrajo a
comerciantes del otro extremo del Mediterráneo. Fruto de estas
prospecciones fue la llegada del fenómeno megalítico desde
Creta y las islas Cícladas (Grecia). De ahí vienen las construcciones
que se extendieron desde nuestra península al resto de Europa Occidental.
La cultura campaniforme fue cohetánea a la megalítica, mezclándose
con ésta a medida que fue transcurriendo el tiempo. Mientras que
la megalítica era de costumbres sedentarias, dedicadas a la agricultura
y estáblemente asentada, la cultura campaniforme irrumpe con su
economía ganadera y transhumante. Donde mejor podemos ver las diferencias
entre ambas, es en sus enterramientos, ya que la forma en que un pueblo
se desprende de sus muertos nos habla elocuentemente de sus creencias
y nos facilita el ordenamiento y las influencias de unos pueblos sobre
otros. En el megalitismo, las inhumaciones eran colectivas, no así
en el campaniforme, donde los enterramientos eran individuales.
El ajuar funerario de las tumbas campaniformes consiste en un vaso, una
cazuela y un cuenco cerámico; además, constaba de un brazalete
en forma de placa rectangular perforada que se supone protegía
la muñeca del arquero y armas de metal entre las que destacan los
puñales y las puntas de flechas, lanzas o jabalinas. Ocasionalmente
aparecen objetos o adornos de oro.

Cuatro piezas cerámicas del Museo Arqueológico
de Bruselas halladas en Lieja. La decoración geométrica
da prueba de refinamiento y de un alto sentido decorativo.
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