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Artículo del ABC sobre Matilde

Provincia

SIERRA SUR

La ceramista de Gilena vende sus piezas en Estados Unidos y Alemania

Matilde Pérez Abellán da forma en su taller de Gilena a pequeñas obras de arte que decoran las casas y calles no sólo de la Sierra Sur

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La autodidacta Matilde Pérez trabajando en su taller de Gilena
La autodidacta Matilde Pérez trabajando en su taller de Gilena – B.M.
BORJA MORENO Gilena – Actualizado: Guardado en: Provincia

Por mucha experiencia que posea el artesano y a pesar de tener el control sobre gran parte del proceso de pintura y cocción de la cerámica «cuando abres la puerta del horno siempre lleva añadido la sorpresa final de cómo saldrá». Esa pequeña variable, esa alquimia entre los materiales utilizados por el ceramista, la humedad y el proceso químico que vitrifica las pinturas al superar los 800 grados, fue una de las claves que fascinó a Matilde Pérez Abellán.

Esta artesana, nacida en Murcia pero afincada en la localidad de Gilena desde los quince años, ha dado forma a centenares de cerámicas que han ornamentado iglesias, parques, fincas e incluso callejeros de muchos de los municipios de la comarca de la Sierra Sur. Desde las habitaciones que ha habilitado en su casa para disponer de su propio taller, trabaja con cariño cada una de sus piezas para perpetuar un oficio que funde arte y artesanía.

Rodeada por decenas de botes, todos ellos con polvos y pigmentos de diferentes colores, Matilde destaca que su carrera ha estado marcada por un aprendizaje autodidacta y abierto a los diferentes estilos. «Hay muchas formas de pintar en cerámica, la que empleo más se llama sobre cubierta, que es como se pintaba en Sevilla».

En ese sentido reconoce el excelente trabajo que ya se realizaba en la capital hispalense desde el siglo XV, donde los clásicos «como Pisano», señala, «han creado azulejos preciosos que por supuesto me han inspirado».

Pero la artesana reconoce que siempre está atenta a todo tipo de azulejerías, dibujos, grabados o cualquier diseño que pueda enriquecer su arte. «La colección del Alcázar de Sevilla, o los azulejos de la Plaza de España o la Casa de Pilatos son una hermosa fuente de inspiración, pero también me encanta la cerámica azul portuguesa o la granadina andalusí con sus usos de los verdes cobres y manganeso», señala Matilde.

Su pasión por la pintura ha despertado el interés por experimentar con diversos estilos. De esta forma incluso ha trasladado a diferentes soportes cerámicos dibujos coloreados «de la Ilustración Iberoamericana, que tenía unos grabados preciosos, o libros de castizos populares del siglo XVIII». Son trabajos que pinta directamente sobre el barro bizcochado, rojo o blanco, y cuyo resultado conocerá dos días después de meterlo en su horno, «cuando se enfríe completamente».

Artesanía ornamental

La vivienda de Matilde no sólo alberga su taller, sino que también hace las veces de un pequeño museo de los diferentes tipos de elementos donde se puede utilizar la cerámica pintada como ornamento. Paredes, azulejerías bajo un balcón, platos y diferentes recipientes cerámicos se reparten por su casa desplegando un abanico de estilos y colores.

El oficio del artesano que hace y pinta cerámica tiene esa función eminentemente ornamental, y la firma de Matilde se puede descubrir por diferentes rincones de la comarca, como en un parque o en el polideportivo de El Rubio, o un gran mural del Quijote del que restauró todos los azulejos y que está en Lantejuela. Además ha realizado diferentes talleres para enseñar este antiguo oficio «como uno que di a personas mayores en Herrera para hacer un mural para la localidad».

Gracias a la tienda virtual que abrió con ayuda de su marido y sus hijos, sus trabajos ha traspasado fronteras con pedidos de Alemania o Estados Unidos.

 

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